Wednesday, July 21, 2010

El secreto de la eterna juventud

El genio de Mamoru Oshii vuela nuevamente por la sala de casa y me deleita con una película dura y cruda (que ya había visto en Sitges 2008 y en el Salón del manga 2009 cortesía Selecta Visión, y que emitieron el pasado abril en Casa Asia), que no deja descansar a la mente del espectador. Sky Crawlers es una película en donde se mezcla con un virtuosismo sin par el 3D con el 2D, con unas soberbias batallas aéreas.
Cielo de Sitges
En algún lugar, en algún país similar a cualquiera de los que conocemos (sirven USA, URSS, UK, Spain, cualquiera sirve) existen niños que serán siempre, eternamente niños: que no crecen, que jamás se convertirán en adultos, que son soldados, y que no mueren. También existen turistas, encantadores turistas, que compran el tour que les lleva a visitar la base de combate de estos niños, y se toman fotos con ellos. Y por supuesto, no puede faltar las empresas - para las cuales trabajan los niños - cuyo negocio de la guerra es transmitida por las pantallas televisivas, una guerra marcada por las ganancias y las pérdidas económicas, que todas las personas, ciudadanos del mundo, siguen tranquilamente desde el bar de casa. Total, en un mundo sin guerras reales - todos los países del mundo viven en paz - la economía bélica necesita seguir funcionando... ¿por qué no crear una guerra entre empresas competidoras y hacer un negocio de ella? Nadie sale perdiendo, todos ganan, nadie muere, nadie sale herido... ¿o sí? Esta película es puro lenguaje visual, imágenes preciosas en movimiento, en donde el espectador ha de hacer funcionar sus neuronas, porque Oshii no te lo pone fácil.

Empresas que diseñan genéticamente seres, a los cuales pueden manipular... ¿hasta qué punto? ¿es éticamente correcto? ¿qué pasa si estos seres crean otros seres? ¿o es que no pueden? ¿o sí?... En esta película es más lo que no se dice que lo que se dice, y cuando dicen algo (visualmente, siempre visualmente), son como puñales que se clavan en el alma. Al igual que la magnífica música de Kenji Kawai, que sólo él es capaz de crear. Me he quedado con las ganas de leer las 5 novelas de Hiroshi Mori en las que se basa esta película!
He de aprender japonés ya!
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